Dentro de la serie de objetos con los que cohabitamos en el espacio doméstico están los que sirven como contenedores, en los cuales existe una relación implícita entre lo vacío y lo lleno. Hay una constante que se manifiesta en su propio volumen, que afirma la presencia del objeto en sí, así como también la existencia del hueco que perfila su forma y la ausencia de ella; un espacio que existe para ser llenado.

La mayoría de objetos decorativos como los jarrones sirven para adornar un espacio y para, a la vez, ocuparlo con un volumen atractivo que seduzca y colme un lugar. Su apariencia vistosa apacigua el horror vacui presente en el ámbito doméstico pero invisibiliza la particularidad de este objeto de ser una apología al vacío.

El jarrón como cuerpo en sí suscribe en su forma la presencia del vacío, el cual es posible observar a través del agujero dentro él.