A través de una exploración se busca indagar, auscultar, recorrer, analizar un espacio, una situación o un cuerpo o materia. El acto de explorar algo significa darle un nuevo estado, modificarlo y ponerlo en evidencia. En la práctica artística esto se podría relacionar con la práctica arqueológica, al ser esta una actividad materializadora, no sólo por su contacto directo con la materia, sino que también por traer nuevas cosas al mundo. Lo que se encuentra inexplorado pasa a existir en el momento en el que es encontrado o desenterrado.

¿Cómo desenterrar aquello que ya se encuentra de por si en la superficie y es visible para nosotros? ¿Es posible modificar aquello que tenemos a nuestro alrededor y darle la cualidad de vestigio?

Siguiendo esta primera reflexión se busca a través de la escultura y el dibujo, reconfigurar espacios habitados a partir de la re-exploración de los mismos; partiendo de los elementos que los rodean: objetos, materiales y cuerpos que se encuentran allí visibles y pasan desapercibidos, pero que de alguna manera nos identifican, nos modifican y son parte de nuestro hábitat cotidiano, y nuestra memoria. Proponiendo ejercicios arqueológicos que fomentan la acción de desenterrar  y enterrar objetos existentes con el fin de darles un nuevo sentido, aquel de vestigio y de historia de un lugar, de cargarlos de memoria.

La indagación de manera instintiva de espacios habitados como lugares de exploración de nuevas ruinas o vestigios, utilizar aquello con lo que estamos relacionados en el cotidiano, objetos o materiales que guardan una historia de nosotros, pero sin ninguna carga emocional directa.

A partir de la modificación de materiales residuales, de construcción, utensilios y objetos olvidados y su tranformación en otros nuevos objetos se estaría mostrando una segunda realidad, aquella que re-explora un lugar, que oculta lo que ya ha sido explorado y que a la vez lo muestra.